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Gioconda Belli: “No me arrepiento de nada” – Poema de la semana

Gioconda Belli: “No me arrepiento de nada” – Poema de la semana
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Por Olman Montero | La reconocida y célebre escritora nicaragüense Gioconda Belli Pereira recibió este 30 de mayo del 2024, en el Aula Magna, el título de Doctora honoris causa. Este título que concede la Universidad de Costa Rica (UCR) es el máximo honor que entrega la Institución a personalidades nacionales o extranjeras, cuyos trabajos o estudios han alcanzado un notable significado.

Su poesía, celebratoria de la feminidad, la hizo sobresalir como una voz original. Se involucró en la lucha contra la dictadura somocista y estuvo en el exilio en México y en Costa Rica.

En 1979 regresó a Nicaragua con el triunfo de la revolución sandinista ocupando diferentes cargos en el gobierno hasta el año 1993 que se alejó por diferencias ideológicas irreversibles con la dictadura de Daniel Ortega.

En 2023 fue despatriada, retirada la nacionalidad nicaragüense y confiscados sus bienes. Desde entonces vive en Madrid. Ese mismo año recibió el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más prestigioso galardón que se concede en castellano a un poeta.

No me arrepiento de nada (Apogeo, 214)

Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la “niña buena”, la “mujer decente”
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
–ellas habitando en mí
queriendo ser yo misma–.
Transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir
la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
–en horas de oficina–
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí;
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena,
esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.

Comité seleccionador:

Olman Montero.
William Martínez.
Laura Cortés T.
Adrián Cárdenas.
Debrús Jiménez.

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