Un día como hoy 28 de setiembre, pero de 1821, el proceso independentista centroamericano seguía tejiéndose: a la diputación provincial de Costa Rica y Nicaragua, con sede en León, llegó el correo extraordinario enviado desde Guatemala que confirmaba el acuerdo de independencia del istmo, un eslabón más en la cadena de decisiones que terminó por definir la autonomía de la región frente a España. Ese mismo año, pero en México, se firmaba el Acta de Independencia del Imperio Mexicano bajo la regencia de Agustín de Iturbide, cerrando una de las guerras de independencia más largas de América Latina.
Medio siglo después, en 1868, España vivía su propio quiebre: la derrota realista en la batalla de Alcolea forzó la caída y el exilio de la reina Isabel II, dando paso al breve período revolucionario conocido como “La Gloriosa” y, más adelante, a la Primera República española. Fue un episodio que redefinió el mapa político europeo de la segunda mitad del siglo XIX.
La ciencia también dejó su huella en esta fecha. En 1895 moría en Francia Louis Pasteur, el químico que sentó las bases de la microbiología moderna y desarrolló la vacuna contra la rabia; en 1928, Alexander Fleming descubría por accidente la penicilina en un laboratorio de Londres, hallazgo que cambiaría para siempre la medicina; y en 1953 fallecía el astrónomo Edwin Hubble, cuyo trabajo demostró que el universo se expande, transformando la cosmología del siglo XX.


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