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¡Qué inauguraciones vergonzosas, qué tirada! – Voz Propia

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OPINIÓN | ¿Qué define las inauguraciones vergonzosas? Puede ser el simple hecho de que se inaugure algo que no es novedoso o resulte irrelevante, pero también que se asuma un mérito que no es propio.

Los diferentes gobiernos a lo largo de la historia de Costa Rica han presumido sus obras como marca de un trabajo realizado durante los 4 años de su gestión. Por supuesto, las obras que presumen son aquellas que hacen diferencia, las que marcan verdaderos hitos históricos, como la construcción de un hospital, una represa hidroeléctrica, una universidad nueva, un proyecto de acueducto gigante para toda un área de influencia, una carretera nacional de gran impacto en una región, entre otras similares.

Algunas de esas obras de gran relevancia son, por supuesto, compartidas entre dos administraciones y se asumen los méritos compartidos, como la decencia manda o la nobleza obliga.

En el año 1994 se aprobaron dos leyes fundamentales que establecieron el sistema de hospitales, áreas de salud y EBÁIS como lo tenemos hoy. Desde el año 1995 se empezaron a construir los famosos EBÁIS (Equipos Básicos de Atención Integral en Salud) hasta llegar al día de hoy, 30 años después, a tener 1044 EBAIS en todo el país.

Una operación matemática básica nos dice que, en promedio, la CCSS ha construido 35 EBAIS por año, unos 3 por mes, en todo el territorio nacional.

Tal vez usted no recuerde a los ex presidentes de Costa Rica inaugurando EBAIS, sino solamente hospitales. Bueno, la explicación es simple: el jefe del Ejecutivo se la pasaría paseando de una comunidad a otra para inaugurarlos sin dedicarse a otras funciones fundamentales de la gobernanza.

Las inauguraciones vergonzosas visual selection
Estas gráficas buscan ofrecer un panorama del tema.
Editadas por Culturacr.net con IA.

¡Pero no solamente los EBAIS! Imagínese si los presidentes se dedicaran a inaugurar cada puente que se construye en el país. Resulta que hay casi 2 mil puentes en vías nacionales también -para marzo del 25-, la gran mayoría construidos en los últimos 15 años. La operación básica nos dice que el país en promedio podría o debería estar construyendo unos 6 puentes. Peor aún: ¿inaugurar un puente Bayly que es una estructura temporal? Y ni se diga de los puentes cantonales, que son 3.841 puentes aproximadamente.

Y son 4.400 centros educativos en todo el país. Pero no sigamos, creo que el punto está claro: se trata de obras que el país construye rutinariamente porque tiene un Estado con una institucionalidad fuerte, como la CCSS, el MOPT, el ICE, el AyA, el MEP, entre muchas más.

En consecuencia, inaugurar un EBAIS, la iluminación de un tramo de calle, un acueducto o un centro educativo lo que comprueba es que el sistema costarricense funciona y es bastante exitoso, que el desarrollo continúa por inercia cuando la estructura de un país está bien calibrada, gracias al esfuerzo de muchas décadas de trabajo de quienes la fundaron y la convirtieron en algo sólido y consolidado.

No hay mérito de un gobierno cuando inaugura lo que el Estado siempre produce, aunque no hubiera un gobierno. Mucho menos aún hay mérito al “inaugurar” una obra que apenas empieza, como sucedió con una sede del Poder Judicial en acueducto en Pérez Zeledón o la punta sur de la carretera a San Carlos, episodios muy vergonzosos para cualquier gobierno, pero que para el actual son motivo de fanfarria y circo. ¡Qué tirada!

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Mucho menos hay mérito en inaugurar un laboratorio de un EBAIS, como sucedió en Ciudad Nelly o la iluminación del ICE en un barrio nuevo, como en Rey Curré, por citar algunos ejemplos.

Incluso más deshonroso si una administración inaugura una obra significativa, como si fuera propia, cuando es una obra de otro gobierno o que se comparte con otros líderes políticos. Eso se llama vestirse con traje ajeno, pero para mí es peor: es robarse el trabajo de otros.

Entonces la pregunta es ¿por qué algunas personas no sienten pena de hacer esas inauguraciones vergonzosas? La respuesta es en realidad fácil: porque no interesa el mérito sino crear el espacio para hacer proselitismo político o fanfarria, de manera que se proyecte una imagen que, aunque falsa, presuma éxito.

Eso no es nuevo, también durante la época del bipartidismo algunos presidentes actuaron con ese tipo de populismo, pero sin duda nunca había sucedido como hoy, con tanto desparpajo, descaro y clara desverguenza, pero también es una forma de corrupción.

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