La Región – Editorial* | Como si se tratara de un castigo divino, en tan solo 24 horas, el cantón de Guatuso, en la Región Norte de Costa Rica, fue golpeado en su economía y en la moral de sus habitantes por dos fenómenos devastadores: el avance del lavado de dinero —una práctica que había comenzado a normalizarse en la comunidad— y las inundaciones provocadas por intensas lluvias, con una Madre Naturaleza que no dio tregua.
El jueves, dos personas originarias del cantón murieron tras enfrentarse a balazos con agentes del OIJ, cuando intentaban detener al líder de un grupo investigado por lavado de dinero, un hombre de apellidos Mora Durán, de 45 años. En el operativo fueron detenidas ocho personas, aunque en la organización hay al menos otras diez personas implicadas, entre ellas tres funcionarios de entidades bancarias y un empleado de la Junta de Protección Social.
El decomiso realizado por las autoridades revela la magnitud del caso: 71 vehículos valorados en ¢740 millones, 74 propiedades inmuebles con un valor de ¢650 millones, ¢362.719.275 en efectivo, $32.468 en una caja fuerte, cuatro máquinas pesadas, una embarcación, seis armas de fuego (entre ellas un rifle, tres fusiles y dos pistolas), 29 vehículos adicionales, 12 teléfonos celulares, 14 computadoras, así como joyas que incluyen un reloj, dos cadenas y dos anillos.
En total, se llevaron a cabo 24 allanamientos, la mayoría en la Zona Norte, lo que deja claro que no solo Guatuso estaba implicado: la red operaba también en otros cantones vecinos.
Territorios abandonados, tierra fértil para el crimen
El abandono histórico de los territorios rurales por parte de los distintos gobiernos ha abierto la puerta a actividades ilícitas como el narcotráfico, el contrabando, el lavado de dinero e incluso las loterías clandestinas. Estos negocios han encontrado tierra fértil en regiones como Guatuso, San Carlos, Upala, Los Chiles y Sarapiquí.
No se trata de afirmar que toda la población está involucrada. Por el contrario, la mayoría de las personas trabajan con honestidad. Sin embargo, una minoría —que de forma repentina aparece como “grandes empresarios”, generadores de empleo y motores de una aparente reactivación económica— ha captado la atención y, en algunos casos, la admiración de las comunidades.
En grupos de WhatsApp de Guatuso, tras el operativo, algunos usuarios se quejaban del daño colateral: la pérdida de empleos. Otros incluso defendían a los detenidos, alegando que “el Gobierno roba más y no pasa nada”.
Pero la realidad es que este supuesto líder del lavado dejó inconcluso un edificio donde se estaban invirtiendo más de 800 millones de colones, además de dejar a cientos de personas desempleadas. Casos similares se han visto en otros cantones del norte, donde emergen empresarios que compran fincas por 14 o 15 millones de dólares, abren negocios por todo lado y son acogidos como benefactores, ocupando lugares privilegiados en actividades públicas, fiestas y hasta en instituciones locales.
El falso camino del éxito
Primero llegaron con inversiones, y todos aplaudieron. Nadie cuestionó de dónde venía el dinero. Luego desplazaron a los tradicionales empresarios del pueblo, aquellos que enseñaban que el progreso se logra con trabajo y esfuerzo. Y más adelante se apropiaron de espacios clave, sembrando en las nuevas generaciones la idea de que el éxito no se construye con valores, sino con maletas llenas de dinero ilícito.
Urge una intervención firme del Estado costarricense y, si es necesario, del apoyo internacional como la DEA, para frenar el avance de estas redes criminales en los cantones del norte. También es indispensable fortalecer el tejido familiar y social, promoviendo la educación, la estrategia, el uso de tecnología y el trabajo honesto como base del verdadero desarrollo.
Muchos de quienes se involucraron en estas redes ya han muerto, eliminados por los mismos cárteles o autoeliminados. Otros viven atrapados en un infierno personal, sabiendo que deben devolver el 70% del dinero que recibieron, mientras el resto lo gastaron en lujos y excesos. Este no es un camino de progreso: es un callejón sin salida que arrastra a toda la comunidad consigo.
*Este artículo de opinión es un editorial del periódico La Región. Los criterios que se defienden en este texto son responsabilidad exclusiva del autor del texto y no necesariamente CulturaCR comparte esos criterios.
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