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En breve: ¿Por qué el trabajo sucio de los troles es importante para manipular la opinión pública?

En breve: ¿Por qué el trabajo sucio de los troles es importante para manipular la opinión pública?
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El trabajo sucio de los troles es importante para engañar y manipular la opinión pública mediante las redes sociales, pero también con consecuencias en el mundo real que se puede reflejar en los estudios de opinión. En breve, le contamos por qué grupos de interés político y económico invierten millonarias sumas en este oscuro servicio de comunicación.

Los troles (cuentas falsas) operan de dos maneras: dirigidos desde otro grupos (de WhatsApp, Telegram o Mesenger) y “por default”, es decir, donde sea que lleguen conocen lo que deben decir y lo aplican indiscriminadamente, sin pena alguna y sin mirar atrás. Los troles también pueden ser “influencers” o personajes que escriben entradas o hacen videos con cuentas falsas, como el caso de Calandrelli, pero también están los que usan su nombre verdadero, aunque en muchos casos también manejan cuentas falsas para respaldarse a sí mismos.

¿Qué impacto generan estas cuentas falsas o troles en la opinión pública? Sencillo: el producir una idea falsa de gran apoyo o de gran defensa de un personaje político o de un grupo político. El asunto es que esa idea falsa no se logra solamente con los troles, sino con el efecto desencadenante que generan: la capacidad que tienen de actuar en masa e influenciar a ingenuos con sus memes, escritos o enlaces de diversa índole. Son las personas ingenuas principalmente quienes se creen ese masivo apoyo y quieren ser parte de él. Las personas educadas y que conocen este modo de operación no caen fácilmente.

Por esa razón los grupos de troles atacan dirigidos, notablemente, en las entradas más virales (de mayor alcance) de los medios de comunicación, personajes políticos, grupos de Facebook, páginas de mucho alcance y otros. Cuando una entrada (un texto, un video, una imagen, etc.) se hace popular o viral pronto llegan casi al mismo tiempo los troles, a repetir frases o enlaces que les dan en los “troll centers”, es decir, que sean avaladas en los grupos de Telegram o WhatsApp desde donde son dirigidos. Por eso usted verá que los troles siempre dicen lo mismo, tal vez con palabras diferentes, pero en ninguno encontrará criterio propio (y la mayoría no responden las reacciones contrarias).

Los troles sin buena dirección son como abejones de mayo chocando con paredes, porque no reproducen el mensaje dirigido, así que se contradicen y pueden ser más bien contraproducentes. Las mentiras y engaños nacen así, cuando inescrupulosos detrás de esos grupos emiten ideas falsas o noticias falsas que no importa si se pueden comprobar, para los efectos del trol eso es irrelevante y no importan las consecuencias de mentir, lo único que importa es producir la ilusión del apoyo masivo.

Una vez que se da esa ilusión de gran apoyo, el usuario verdadero que no es un trol y tiene una cuenta real, se ve influenciado y sucede lo que la politóloga y comunicadora Elizabeth Noelle-Neumann llamó la espiral del silencio, es decir, cuando las personas quieren ser parte de la moda o de la mayoría en un tema de gran importancia pública por la reputación social que eso significa (y para no sentirse aislados de su entorno), como el aborto o el apoyo (o rechazo) a un presidente. Al principio muchos se dejan llevar y luego por sí mismos deciden hacer la función de trol y repetir los mensajes falsos, aunque se compruebe que son falsos. Aquí entonces entra el fanatismo.

Así entonces se genera un efecto de encadenamiento que puede cambiar la opinión pública, donde muchas personas terminan por apoyar a un líder o una idea basados en mentiras o supuestos valores que han sido transmitidos, en primera instancia, por cientos de troles de dirigidos. La inversión del pensamiento de esas personas luego es difícil, porque terminan convencidos de que están luchando por alguna causa magnánima, cuando en realidad están siendo tontos útiles que son manipulados desde un teclado en alguna oficina oscura de los bajos mundos de la política.

Por supuesto, para esto también es necesaria la reproducción de valores o antivalores que la gente apoye más fácilmente, como sucede con el conservadurismo: es más fácil lograr apoyos de lo que está dado (aunque esté mal) que lograr apoyos para el cambio social o político. Por ejemplo, la exacerbación de la agresividad machista tiene buen éxito, la testosterona (las hormonas) siguen imponiéndose a las neuronas, porque las primeras no requieren esfuerzo mental alguno, solamente se requiere continuar lo (mal) aprendido.

Entonces, de repente, una idea que antes parecía positiva o buena, puede cambiar y convertirse en lo contrario. Y así se puede manipular la opinión pública, mediante el uso de grupos y personas con poco o ningún criterio propio, que sean alimentados con ideas populares, aunque sean falsas. Por ejemplo, decir que el aborto terapéutico es aborto libre en todos los casos, cuando claramente no es así.

Más adelante, cuando los encuestadores de los estudios de opinión llaman para pedir el criterio de apoyo, la gente prefiere indicar lo que la mayoría parece sentir, incluso aunque tenga dudas de eso. La gente entonces opina influenciada, sin saberlo. El trabajo sucio de los troles llega incluso a este nivel, donde gobiernos enteros son respaldados por grupos organizados y financiados por la política sucia.

Los grupos antivacunas y las campañas evangélicas a favor de líderes como Fabricio Alvarado, Donald Trump o Jair Bolsonaro conocen muy bien ese modus operandi. No importa tanto la defensa de los valores, sino la manipulación del conservadurismo social para propósitos políticos que, indefectiblemente, terminan siendo de beneficio económico. Por supuesto, los troles también pueden darse en la acera del frente, entre agrupaciones progresistas que busquen realizar la misma manipulación.

La irresponsabilidad de los dueños de las redes sociales, a quienes beneficia la procreación de cuentas falsas para vender más publicidad (falsa porque llega a usuarios falsos), así como la ausencia de una legislación en los países, permite que esta realidad exista en detrimento de la democracia, de la institucionalidad y la legalidad de los países, incluso de países consolidados en esos valores, como el caso de Costa Rica. Hay casos donde la manipulación a través de redes sociales como Facebook han convertido peligrosas mentiras en supuestas verdades que destruyen valores sagrados.

El trabajo sucio de los troles tiene también un efecto exponencial que puede ser ambivalente para la causa de los troles: cada vez que los troles interactúan con una publicación la hacen aún más viral. Eso reproduce más el mensaje enviado (que puede ser una noticia en contra del político apoyado), pero también reproduce más el supuesto gran apoyo que tiene el político en contra de la noticia, con la pretensión de lograr desacreditarla, así como al medio que la publica.

Eso gusta a los medios de comunicación y las páginas de Facebook que se especializan en el sensacionalismo, en la atracción de miles de incautos con mensajes falsos y chabacanos o amarillistas. Y hace mucho daño al mensaje cierto, validado e importante que construye. Pero ese es ya otro tema…

Este artículo de opinión representa solamente el criterio y pensamiento de quien lo firma. El autor asume cualquier responsabilidad social o legal de lo expresado. Culturacr.net no se hace responsable por consecuencias generadas a partir de esta opinión. Si desea publicar en este medio, contáctenos según estos datos.

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