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¿Por qué no apoyo a Rodrigo Chaves? Una reflexión desde lo social y lo humano – Voz Propia

¿Por qué no apoyo a Rodrigo Chaves? Una reflexión desde lo social y lo humano – Voz Propia
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Por Giovanni Delgado Castro | En los últimos meses, varias personas cercanas —familiares, amistades, conocidos— me han preguntado por qué no apoyo a Rodrigo Chaves, el actual presidente. Y esta no es una respuesta que pueda darse con ligereza. Para entenderlo, es necesario ir más allá del presente y observar lo que ha venido ocurriendo en Costa Rica durante las últimas décadas.

Durante años, la política tradicional costarricense ha deteriorado la confianza ciudadana. Ha generado desilusión, apatía y una peligrosa desconexión entre la población y la gestión pública. Muchos políticos han utilizado el poder como un medio para vivir del Estado, convirtiendo la función pública en un proyecto personal más que en un servicio a la comunidad. Esto ha llevado a una fatiga democrática, donde gran parte de la ciudadanía ha optado por alejarse.

Con la llegada de Chaves al poder, muchos vieron una oportunidad para romper con ese ciclo. Su discurso confrontativo, su promesa de cambio, captaron a una población harta de lo mismo. Sin embargo, después de casi tres años de gobierno, es claro que ese cambio prometido no ha llegado. Más bien, se han perpetuado muchas de las prácticas que tanto se criticaron. El gobierno ha invertido gran parte de su tiempo en culpar a administraciones pasadas, en lugar de asumir con responsabilidad el presente y construir soluciones sostenibles.

Lo que vivimos hoy no es un gobierno de unión nacional, sino uno que ha polarizado profundamente a la sociedad costarricense. Las diferencias políticas se han transformado en divisiones familiares, comunitarias, incluso personales. Y eso es muy grave. La política debería unirnos en la búsqueda del bien común, no separarnos por la imposición de una visión única y autoritaria.

Sí, podemos hablar de cifras. Pero debemos hacerlo con responsabilidad. ¿Qué significa un déficit fiscal más bajo si se ha logrado a costa de recortes en inversión social, afectando a los sectores más vulnerables? ¿De qué sirve presumir de estadísticas si en las calles la delincuencia ha crecido, la economía informal se ha expandido y el costo de la vida sigue subiendo mientras los salarios se estancan?

Uno de los elementos más preocupantes es el creciente irrespeto por el Estado de derecho. Las instituciones —como la Contraloría General de la República— han sido blanco de ataques y descalificaciones, simplemente por cumplir su deber de fiscalización. Cuando un poder del Estado se niega a respetar los debidos procesos, la pregunta no es si lo dejan o no gobernar, sino si está gobernando dentro del marco legal que sostiene nuestra democracia.

He escuchado a muchas personas justificar su apoyo al gobierno con frases cargadas de emoción, pero vacías de análisis. Incluso miembros de la comunidad LGBTIQ+ respaldando a un presidente que ha demostrado actitudes abiertamente discriminatorias hacia las diversidades, y que ha tejido alianzas con sectores ultraconservadores que atentan contra sus propios derechos. ¿Cómo es posible?

La política no puede basarse únicamente en emociones o resentimientos. Necesitamos debates con altura, con fundamento técnico y humano. La indignación es válida, pero no puede ser el único motor de nuestras decisiones electorales.

Costa Rica enfrenta un reto enorme: rescatar el valor de la democracia, la institucionalidad y la empatía. No es tiempo para improvisar, ni para entregarle el país a liderazgos personalistas o autoritarios. Es tiempo de construir con responsabilidad, de pensar en un país que proteja a todos, que respete la ley, que dialogue y no imponga.

Tenemos que levantar la mirada y entender que el futuro de Costa Rica depende de cada uno de nosotros. Que nuestras decisiones políticas deben ser tomadas con conciencia, con información, y con un profundo amor por la justicia social y el bien común.

Porque no se trata solo de quién está en el poder. Se trata de qué tipo de país queremos dejarle a las futuras generaciones.

Por eso no apoyo a Rodrigo Chaves. Porque creo que Costa Rica merece un liderazgo que nos una, no que nos divida. Que respete nuestras instituciones, escuche a su gente, y gobierne con visión de futuro, no con resentimiento del pasado.

La mejor opción para Costa Rica es aquella que nos une como ciudadanos, no la que divide a las familias ni polariza al país. Estamos para construir, no para destruir la sociedad.

Este artículo de opinión representa solamente el criterio y pensamiento de quien lo firma. El autor asume cualquier responsabilidad social o legal de lo expresado. Culturacr.net no se hace responsable por consecuencias generadas a partir de esta opinión. Si desea publicar en este medio, contáctenos según estos datos.

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