Las citas no deberían terminar cuando finaliza el noviazgo. Planificar encuentros, compartir experiencias y conservar los recuerdos de esos momentos puede contribuir al bienestar de una relación de pareja.
¿Recuerda cómo eran las cosas cuando usted y su pareja estaban empezando su relación de noviazgo? Probablemente buscaban oportunidades para verse, salir a restaurantes, ir al cine, hacer viajes a la playa y otros lugares. La misión era sorprenderse y disfrutar de experiencias compartidas.
Ahora bien, si ya lleva varios años junto a su pareja e incluso tiene hijos, le hago una pregunta:
¿Cuándo fue la última vez que tuvieron una cita?
Y no me refiero a salir juntos a hacer las compras del supermercado, pagar recibos o cumplir algún compromiso familiar. Me refiero a reservar un momento exclusivamente para ustedes dos, para disfrutar de su compañía y fortalecer su relación.
Cuando la pareja se convierte en una agenda de obligaciones
Una relación de pareja es como un organismo vivo: necesita cuidado, nutrición y atención constante. Al inicio de las relaciones, este tipo de acciones suelen abundar, pero conforme pasan los años, también es frecuente una disminución gradual que incluso llega al punto de la extinción total.
En mi servicio psicoterapéutico, he atendido parejas cuya convivencia se ha reducido principalmente a la logística diaria: las responsabilidades laborales, domésticas y familiares acaparan su agenda. Las conversaciones sobre temas como las cuentas por pagar o la crianza de los hijos terminan dejando sin espacio los encuentros dedicados exclusivamente a la pareja.
Lo peligroso de este fenómeno es que muchas parejas no lo perciben como una amenaza hasta que comienzan a experimentar sus consecuencias. Surgen problemas en la relación y comienzan a señalarse mutuamente, pero no ven, como explica la canción de Shakira, que no es culpa ni del uno ni del otro, sino de la monotonía que se instaló silenciosamente en sus vidas.
Muchos llegan a creer que han dejado de quererse, que murió el amor entre ellos, pero no necesariamente es así. Tan solo fue que dejaron de cultivar, deliberadamente, los espacios que les permitían disfrutarse como pareja.
Las citas también necesitan planificación
Existe una idea que puede jugar en contra de las relaciones: creer que los momentos especiales deben surgir espontáneamente.
La espontaneidad tiene su encanto, por supuesto. Pero si esperamos a que aparezca una tarde libre, a que terminen todas las obligaciones o a que sobre dinero, probablemente las citas se convertirán en acontecimientos cada vez más escasos.
Por eso, planificar una cita también es una forma de cuidar la relación.
No significa necesariamente reservar un restaurante costoso, viajar o gastar grandes cantidades de dinero. Una caminata, una conversación acompañada de un café, una actividad nueva o una noche especialmente preparada en casa pueden convertirse en experiencias valiosas.
Lo importante es la intención de crear un espacio para el «nosotros».
Y hay otro detalle fundamental: las citas deben tomar en cuenta los gustos y preferencias de ambas personas. No se trata de que siempre sea la misma quien decida qué hacer, ni de que una de ellas participe de mala gana en las actividades que disfruta la otra.
Aquí entra en juego algo que llamo el poder de donarse: regalar tiempo y disposición para compartir experiencias que son importantes para nuestra pareja, aunque no siempre coincidan con nuestras preferencias individuales.
No basta con vivir las citas: también es importante conservarlas
Piense en alguna cita particularmente bonita que haya vivido con su pareja. ¿Recuerda dónde estuvieron, qué hicieron, de qué hablaron o cómo se sintieron? Más allá de su memoria, ¿tiene evidencias de ese momento que compartieron?
Las experiencias compartidas van construyendo la historia de una relación. Sin embargo, muchos de esos momentos terminan perdiéndose entre los recuerdos de la vida cotidiana.
Por eso, además de planificar las citas, es valioso registrar las experiencias que se viven en ellas.
Anotar lo que hicieron, recordar los momentos especiales y reflexionar sobre cómo se sintieron permite volver a visitar esas experiencias y reconocer qué actividades disfrutaron juntos y cuáles les gustaría repetir.
De esta manera, las citas no quedan únicamente como acontecimientos aislados, sino que también pueden convertirse en una memoria compartida de la relación.
Precisamente por estas razones, y a partir de mi trabajo con parejas en psicoterapia, creé una libreta titulada Diario de citas con mi pareja, pensada para ayudarles a planificar y registrar encuentros de bienestar. La idea no es imponer una fórmula rígida, sino invitar a las parejas a utilizar el ingenio para cuidar y enriquecer su convivencia.
Seguir eligiéndose
¿En qué momento decidimos que las citas eran solamente para los novios?
Tener una relación de muchos años no significa que se deban dejar atrás las conductas que les acercaron durante el noviazgo. Al contrario, esas conductas pueden seguir formando parte de la vida en pareja, adaptadas a las nuevas circunstancias.
Quizás no sea posible tener una cita todas las semanas. Tal vez las responsabilidades familiares, el tiempo o el dinero hagan inevitable organizar encuentros con menor frecuencia. Pero lo importante es que no desaparezcan de la relación.
Después de todo, una pareja no solamente necesita aprender a resolver problemas familiares; también necesita crear oportunidades para disfrutar de estar juntos. Es decir, enfocarse en la vida familiar no debe volver borrosa su relación de pareja.
Y ahora que ha terminado de leer este artículo, le dejo una última pregunta:
¿Cuándo será su próxima cita con esa persona con la que decidió compartir su vida?





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