Con “Los bares de Costa Rica y su aporte a la cultura universal” iniciamos una serie de aportes del inventor del chiliguaro, el periodista Mauricio Azofeifa, quien escribe sobre la experiencia de la vida, sobre las artes y las culturas, sobre la gastronomía y temas variados que sin duda también serán del interés de nuestros lectores más curiosos. ¡Salud y buen provecho!
“Este es un aporte gratuito del autor a Culturacr.net”.
Mauricio Azofeifa. Cuando uno viaja se da cuenta que los bares en Costa Rica son un aporte imperecedero a la cultura universal, no sé si serán los mejores del mundo pero no deben andar lejos de serlo.
Primero convendría definir a lo que me refiero por bar de Costa Rica, no nos será difícil reconocerlos, hay varias sucursales por pueblo, parecen ser algo muy sencillo pero verán que no lo son tanto.
Estanos hablando de estos bares boqueros, resabios modernos de los comisariatos, que se componen de una barra y un espacio adyacente de mesas, en algunas ocasiones con espacio al aire libre. Se me ocurre el Ciros, la Buenos Aires, la Bohemia, Fitos, la Migueleña, el Botecito, Acapulco, Chicago, la Deportiva, Los Itabos y cada uno podrá sumarle a esta lista los más populares de su pueblo.
Esto es muy importante: son espacios donde se come y se toma al mismo tiempo, a diferencia de la mayoría de los lugares del mundo donde la gente va a cenar, y posteriormente van a tomarse unos tragos a otro espacio donde únicamente se pueden tomar y comer chuches como palomitas, pretzels o gomitas, la oferta gastronómica de los bares permanece disponible hasta que cierra el negocio y nos ofrece una variedad culinaria extensa.
El menú es casi siempre el mismo, son platos usualmente pequeños, que bien podría comerse uno al inicio, otro al medio y uno al final para sentar el trago y los llamamos bocas. Entre las más populares se cuenta el universalizado chifrijo, el fresco y liviano ceviche, algunas leguminosas guisadas con algún tipo de carne como los garbanzos, los frijoles tiernos o los cubaces, algunas frituras como la costilla, los chicharrones, los dedos de pollo o pescado, patacones o los tacos de queso o carne, recientemente se han incorporado algunos aportes transculturales tropicalizados como nachos, burritos, quesadillas, hamburguesas y las crecientemente populares alitas de pollo.
En algunos casos podrá encontrar platos más grandes como fajitas de pollo, lengua en salsa o un parguito entero, sin que se me vaya a olvidar el siempre popular surtido que atiende de dos a seis personas con una serie de antojos salidos del mismo freidor, como chorizo, salchichón, pollo, pescado, yuca, papas, plátano maduro, todo acompañado de frijoles molidos, pico de gallo y a veces guacamole. Este placer culinario casi ruega por ser bañado en limón y la chilera de la casa, que es por si misma una obra de arte comestible.
En mucho lugares de copas en el exterior triunfan el silencio o el sonido de las transmisiones deportivas. En los bares ticos ponen música, usualmente de algún Mix de YouTube que por estos días incluye a Christian Nodal, Karol G, Romeo Santos y el Grupo Frontera, quienes razonablemente irán cediendo su lugar a los géneros de moda conforme hayan saliendo. Pero en la lista no pueden faltar los clásicos recientes, no pasará mucho tiempo sin escuchar a Marc Anthony, el Buki, José José, Eddie Herrera y Gilberto Santarrosa, exponentes de la canción latina que se niegan a morir.
Cuando la gente quiere bailar en otros países busca una discoteca, ahí escoge el género y se la pasa en espacios de ensordecedor volumen moviendose al ritmo del hip Hop, el pop o la intolerable música electrónica mezclada en vivo por un DJ. Acá cuando avanza la noche o los fines de semana se van corriendo las sillas para que podamos ensayar nuestro pasos de baile entre las mesas o acaso en una diminuta pista de baile en una esquina del salón o frente a la barra.
En otras latitudes hay teatros o salas de conciertos donde se puede ir a ver a nuestros grupos favoritos, en Tiquicia nos basta con una esquina con una luz comprada en el chino donde se coloca un tipo con una guitarra, con un poco de suerte acompañado por una percusión, a veces solo musicalizado con un parlante con pistas. Canta desde la Cuidad de la Furia, Cara Luna o la Gota Fría, a veces son trovadores que rondan el Ojalá o el Sabinazo y en otras roquerillos instalados en los Héroes del Silencio o ACDC. No con poca frecuencia el cantante comparte su escenario con cualquier cliente que se cree buen cantante y se tira su mejor canción, mientras el titular va a canjear las dos cervezas que le dieron de salario y le echa el cuento a las que se emocionaron con su interpretación.
En una variación casi imperceptible de calidad musical los días entre semana tienen karaoke, un espacio que permite disfrutar de sus cinco minutos de fama con el popurri de Pandora, la Maldita Primavera o Nube Viajera. Ningún tipo de talento es requerido.
A los bares se puede ir en un grupo de amigos, con la persona amada y hasta solo, van hombres y mujeres, son espacios transgeneracionales dónde se pueden topar con los papás o los abuelos, a ellos asisten agricultores, constructores, taxistas, periodistas, médicos, empresarios, artistas y presidentes sin mucho distingo.
Los bares no son la gran cosa ni en su cocina, ni en su coctelería, ni son tan baratos ni tan elaborados, son casi todos muy parecidos y para quienes los hemos visto desde la infancia parecen más de lo mismo. Pero ante la diversidad mundial debemos resaltar que en los bares ticos, mejor que en casi ninguno del mundo se puede comer, se puede tomar, se baila, se conversa, se ríe, se canta, se ven partidos, se celebran cumpleaños y aniversarios, se pasan cabangas, se inician amores, se alivia el stress y se distrae la soledad.
Ojo, me consta que de la misma forma que si no se logran controlar se arman peleas, se gastan salarios y se pierden familias, se configuran pronunciadas panzas cerveceras y se puede pasar la vida de goma en goma, pero ya ese es otro tema.
He llegado a pensar que hay lugar para un bar tico en las grandes ciudades del mundo, quizás algún día podamos transformar esta experiencia cultural en algo que los extranjeros puedan disfrutar y nos permita llevar la triada de la CH al mundo: chifrijo, chiqui chiqui y Chiliguaro.
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