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¿Por qué tanta molestia con la Feria del Libro? ◘ Voz Propia

¿Por qué tanta molestia con la Feria del Libro?
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¿Por qué tanta molestia con la Feria del Libro Costa Rica 2023? Es un tema amplio, pero la gente debe saber, a la brevedad posible, cuál es el problema de fondo, y algo más.

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Hasta el 8 de junio 2023

Un poquito de historia es necesaria para comprender la realidad actual

En resumen: La Feria Internacional del Libro (FILCR), que tiene versión nacional (y rara vez una internacional) durante la primera década del siglo era operada por la Cámara Costarricense del Libro (CCL) y su espacio natural siempre fue la antigua Aduana (que antes se llamaba FERCORI). Luego el ex ministro de Cultura Guido Sáenz le quitó La Aduana a FERCORI justo cuando se realizaba una feria del libro a principios de este siglo.

Así las cosas la CCL tuvo que buscar otros espacios y se fue al campo feria de las fiestas de Zapote y luego al Centro de Convenciones en Pedregal de Belén entre 2004 y 2005. Luego hubo acuerdo con el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) que le permitió volver a la antigua Aduana, pero las dificultades con el edificio patrimonial continuaban y eso impedía establecer una fecha definitiva para la feria.

En la administración del exministro Manuel Obregón, su viceministro Iván Rodríguez (músicos de Malpaís) hizo gestiones para lograr que la FILCR fuera coorganizada entre ambas instituciones (CCL y MCJ) y en 2013 se logró un acuerdo para que la cartera de Cultura pusiera de su presupuesto en actividades artísticas (que resultaron ser obstructivas de la labor librera) y financiara infraestructura, pero a cambio la entrada debía ser gratuita y habría un espacio para micro y pequeños emprendimientos del libro, para alcanzar la más gran bibliodiversidad que el país ha reunido en una feria del libro.

Con la llegada de Sylvie Durán al MCJ lamentablemente algunas condiciones cambiaron para empeorar, se empezó a cobrar a los pequeños emprendimientos y los eventos seguían siendo mal enfocados, sin enfoque de las artes literarias. Sin embargo, el canon cobrado era accesible, pero la arbitrariedad de un Centro de Producción Artística (CPAC) manejado por la hoy diputada Ada Acuña, mano derecha de Durán, terminaron por crear condiciones adversas y confusas, porque era evidente que desconocían la realidad del libro y de la literatura en el país.

¿Por qué tanta molestia con la Feria del Libro?

Los roces con la cámara y el sector del libro empezaron, hasta que sucedió lo que ya parecía inevitable: la ruptura entre el MCJ y la CCL, que se dio justo entre el 2020 y 2021 durante la pandemia. La CCL intentó ferias virtuales que terminaron siendo un fracaso.

Para el 2022 con la presencialidad volvió la necesidad de la feria y la CCL en solitario se lanzó en solitario a realizarla en el Centro de Convenciones de Costa Rica (cerca de Real Cariari, pista hacia Alajuela). Los precios ya eran altos para los expositores pequeños para el año 2022, pero para el 2023 crecieron demasiado, según reclaman hoy, cuando la nueva sede será Pedregal en Belén. Aparte de esas condiciones difíciles para expositores, la gente en su mayoría se manifestó en desacuerdo por esa nueva sede.

¿Hay posibilidad de que el MCJ y la CCL se reencuentren? No parece, mucho menos con los recortes presupuestarios que enfrenta el ministerio. ¿Deberían recuperar la alianza público-privada estas entidades? Sin duda.

Por lo pronto el MCJ debería plantearse hacer una feria nacional del libro grande (¿Feria Costarricense del Libro?) en La Aduana por su propia cuenta y con todos los expositores que quieran participar, una vitrina del libro para todo público (que no compita con artesanía y otros productos preferidos).

El año pasado por primera vez se realizó la “Fiesta de la Lectura“, una feria pequeña que fue un buen inicio en esa dirección, pero que puede ampliarse en todo sentido.

¿Qué pasa ahora? Apuntes para la reflexión

Ciertamente el mercado del libro es similar a todos los demás mercados, donde se imponen leyes capitalistas. Pero en Costa Rica, y en países donde la social democracia ha tenido influencia, aún existe el impulso estatal a la cultura en un esquema mixto necesario para impulsar la lectura, la educación y la cultura. Eso, además de una educación relativamente conciente -aunque mal construida- sobre la importancia del libro y la lectura, hacen del mercado tico algo particular. Súmele la historia ferial que acabamos de desarrollar y los detalles de la comercialización del libro.

Es decir, para organizar una feria del libro se necesita tener una visión amplia de esa complejidad y no solamente sectaria. No se vale decir que solamente caben los que pueden pagar un stand o los que tiene un plan de negocio exitoso con acceso a mercados e impactos amplios, como dice la economía naranja. No. El pequeño y el que no es muy comercial también debe tener su espacio en esa diversidad librera.

No todos los interesados en el asunto de la literatura y del libro tienen los mismos intereses ni posibilidades, pero todos deberían caber. Para algunas es más un sueño de divulgar su obra, por ejemplo, para otros es un negocio puro y duro para sobrevivir. Pero también es cierto que sí existen muchas coincidencias y asuntos comunes que pueden defenderse en el sector. Lo hacen los músicos, a pesar de sus diferencias, por ejemplo, con temas como los de propiedad intelectual (ACAM, AIE). Ese norte no se puede diluir ni perder.

La CCL es una CÁMARA, es decir, un grupo de interés, ni siquiera un grupo de presión, como una asociación u organización sindical. Y por eso es lógico que busque el negocio y solamente el negocio, así como la UCCAEP busca el negocio del petróleo sin ninguna conciencia ambiental o social. Por eso los precios de la CCL se ajustarán al lucro que la cámara necesite para financiar su operación.

Y es por eso que la ruptura con el MCJ (que no busca el negocio) es lo peor que le pudo pasar a la FILCR en su historia. Si la CCL no rescata esa unión y vuelven al modelo público-privado que funcionaba antes, espero separación y días tristes para la diversidad bibliográfica que tanto se cacareó en algún momento, incluso por la misma CCL. Los ideales son anulados por el interés comercial mayor, el de las más grandes.

Por otra parte, el sector de micro y pequeñas empresas (ni siquiera medianas) debe aliarse al MCJ si quiere al menos mantener sus condiciones de divulgación del libro actuales, ya que no puede esperar nada de la cámara librera.

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Y el MCJ, en su deber de promover la cultura en todos los espacios, de una manera democrática, debe estar presto y eficaz para apoyar al sector más sufrido de las artes nacionales (y no exagero, porque vender hoy un libro es como hacer, hace 20 años, una venta en Internet). Si no hay disposición para buscar el equilibro ideal, por lo menos abrir cada vez más espacios para los más vulnerables de esta ecuación de papel. Después de todo, el nombre Feria del Libro Costa Rica 2023 no le pertenece exclusivamente a la cámara.

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