Los productores de libros costarricenses enviaron una misiva al ministro Jorge Rodríguez para que la próxima Fiesta Nacional de la Lectura (FNL), la principal feria para los libros costarricenses sea realizada a principios del mes de junio.
El principal problema es que la feria de pequeños y medianos emprendedores del libro fue asignada por el Ministerio de Cultura y Juventud para el 10 de setiembre, fecha que coincide con la Feria Internacional del Libro (FILCR), otra feria del libro, pero en la que participan más los grandes editores y librerías, porque el costo de alquilar un puesto de ventas es elevado para que los pequeños puedan hacerlo.
La FILCR la organiza la Cámara Costarricense del Libro, mientras que la FNL es gestionada por el CPAC del Ministerio de Cultura.
Esa fecha es diez días después de que se realiza la FILCR, en el mismo lugar (en la antigua Aduana), lo que provoca un problema con el mercado librero. “Esta coincidencia de fechas y lugar genera una preocupación seria para los sectores más vulnerables de nuestra cadena del libro”, explican los editores en una carta al ministro Rodríguez.
“Los expositores independientes no siempre pueden asumir el costo de participar en la FILCR, que exige inversiones importantes, por lo que la Fiesta de la Lectura representa su única oportunidad real de visibilidad durante el año. Hacerla después de la FILCR hará que la asistencia y las ventas sean muy reducidas en la FNL”, argumentan los pequeños editores.
“El público lector se satura. Quienes visiten la FIL CR difícilmente regresarán diez días después al mismo espacio, lo que reduce la asistencia a la Fiesta de la Lectura, perjudicando directamente a los pequeños emprendimientos”, aduce la carta enviada.
La solicitud defiende además que como se invitó a Catar como país invitado para la Fiesta Nacional de la Lectura, ese país “merece un escenario a la altura: un evento con toda la energía, la atención y la asistencia que merece una delegación de ese nivel”.
Los pequeños editores son del criterio de que “Llas ventas se dividen, afectando principalmente a las editoriales independientes, autores locales y libreros de pequeño formato, quienes más las necesitan. Al concentrarse dos grandes eventos en tan poco tiempo, el resto del año queda sin actividades de esta escala, reduciendo las oportunidades de visibilidad para todo el sector”.
Finalmente, añaden que “las escuelas además que son nuestro principal público no podrán venir dos veces en tan poco espacio de tiempo, ya que deben invertir en transporte de sus estudiantes”.
Los centros educativos son el principal público de las editoriales que venden libros para niños y jóvenes, pero no para todos los expositores. Las visitas de los centros educativos, de hecho, son hora muerta para una buena parte de expositores que no tienen ese tipo de libros.
La FNL es una iniciativa que surgió de la sociedad civil, no del MCJ, por lo que los expositores consideran que es fundamental que se les “incluya en la conversación, porque quienes vivimos del libro todos los días tenemos perspectivas valiosas que aportar. El diálogo entre el sector público y la sociedad civil siempre produce mejores resultados que las decisiones tomadas de forma aislada o con entes que no tienen los mismos objetivos”.




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