OPINIÓN. ¿Podría llegar Costa Rica a una dictadura? Vamos por partes, que la respuesta no es fácil, pero tampoco muy compleja.
Todos los regímenes y sistemas políticos son diferentes. En redes sociales a la gente le encanta comparar la actualidad o el futuro de Costa Rica con regímenes muy diversos y hasta antagónicos entre sí, como Venezuela o El Salvador.
Los de izquierda dicen que Costa Rica tiene la amenaza de ser un régimen de extrema derecha, confesional, corrupto y sin sentido social como el de Bolsonaro en Brasil o la dictadura de derecha que impulsa Bukele en El Salvador. Los de derecha arguyen que el país se conduce a una Venezuela de Maduro o una Nicaragua de Ortega, por mencionar dos casos de dictaduras de izquierda.
Pero cada régimen es distinto: Bukele y Bolsonaro, por ejemplo. Si bien Bukele se dice cristiano y usa las formas divinas, su popularidad no se basa en esas creencias, en cambio el brasileño ha basado su poder en una religiosidad fanática y extrema. Aunque ambos son de derecha.
Costa Rica podría llegar a ser una dictadura de derecha, confesional a medias y personalista, con características diferentes a cualquier otro país, de manera que las comparaciones solamente sirven para el análisis, pero no para sacar supuestas verdades.
En segundo lugar, Rodrigo Chaves, por el desgaste lógico, posiblemente ande ya en un apoyo del 50%. Pero ojo, que ese apoyo se mide por quienes consideran que su trabajo es “Muy bueno o Bueno” (en conjunto). Los que afirma que es “Regular” (nulo) son cada día más, según algunos estudios previos. En mi caso particular, espero los próximos resultados del CIEP, por confianza.
Ese apoyo con el paso del tiempo puede desintegrarse, difuminarse o desaparecer, porque se sostiene sobre una gran parte de la sociedad que es más complaciente y menos crítica, pero que puede cambiar su criterio; no son fanáticos partidarios, no aún. Lo que sí es cierto es que, como ningún otro Gobierno -excepto quizás por Óscar Arias-, ha logrado tener un apoyo importante en su primer año.
En tercer lugar, es necesario considerar que en Costa Rica cada elección presidencial es una circunstancia nueva. En cada coyuntura las motivaciones de voto responden a factores diversos, desde la ausencia de un buen líder que le compita al candidato del fanfarrón mayor hasta el desgaste que haya sufrido en casi 4 años de Gobierno. Desde que el candidato chavista sea muy cuestionado hasta que sea incapaz en los debates, por mencionar algunos aspectos y variables en juego.
También está la división del mismo chavismo-rodriguismo. Hoy están divididos en 3 partidos y los 3 van a participar en municipales (el poder absoluto corrompe absolutamente): el PSD (que dirige Luz Mary Alpízar), el Pueblo Soberano (de Mayuli Ortega y que logró tener una segunda oportunidad ante el TSE) y el claramente populista Aquí Costa Rica manda (el que propuso a Greivin Moya y ahora manda Federico Cruz “Choreco”, la mano derecha de Chaves en las elecciones anteriores). Esa división puede ser momentánea entre Ortega y Choreco cuando el presidente tire línea, pero con el PSD es más difícil, parece una división más de fondo que ahora disimulan y mantienen en vilo.
En este punto es donde la polarización que impulsa el Gobierno puede tener incidencia en los comicios. Si el pueblo se polariza automáticamente le da poder a dos fuerzas que se contrastan y se enfrentan. Por eso incluso se dice que el mismo Chaves está posicionando al Frente Amplio como la oposición natural a su propuesta, pero es claro que Liberación Nacional tiene un importante caudal partidista.
¿Una alianza o coalición en 2026? Es posible, en 1942 se aliaron un partido liberal, uno comunista y la Iglesia Católica, luego un partido socialdemócrata negoció con la Iglesia, el comunismo y los “mariachis” social cristianos para mantener logros importantes como la UCR, el Código de Trabajo y las Garantías Sociales. Pero claro, hoy la naturaleza partidaria y política es diferente. La amenaza y su nivel de afectación definirán los sacrificios que cada actor político esté dispuesto a asumir.
El punto de inflexión es, en cuarto lugar, sin duda, la cantidad de diputados que el chavismo-rodriguismo logre, pero ya no solamente como partido, sino como alianzas naturales ideológicas. Hoy vemos que el Gobierno prácticamente tiene 16 diputados (incluyendo a Nueva República que le vota el 99% de proyectos al Gobierno) y a veces tiene 25 posibles (con el PUSC que tiene deuda por puestos asignados en embajadas y otras representaciones) y si se trata de un tema liberal económico (recorte del estado, privatización o afines) también suma los del PLP para llegar a posibles 31 (ya tiene mayoría simple).
Aquí el punto es que si logran 38 escaños (mayoría calificada) en las próximas elecciones (solos o con alianza naturales ideológicas como el fabricismo), entonces sí estamos en el gran riesgo de una dictadura.
Incluso, no me extrañaría un cuerpo policial asumiendo una postura castrense y pasando por encima de las leyes (el caldo de cultivo para eso se realiza ya, con el incumplimiento de la Constitución y algunas leyes por parte del Gobierno de Chaves). Solo hace unos días se le cercenó el derecho al libre tránsito a un grupo de estudiantes en Nicoya.
En ese momento los contrapesos se verán seriamente afectados, porque con el pretexto del manejo de la seguridad ciudadano (Bukele) se pueden “justificar” muchos atropellos contra el Poder Judicial, las universidades públicas, las instituciones autónomas, la prensa crítica y cuanto actor social se oponga al dictador.
En quinto lugar, recordar que el sistema, la institucionalidad, la legalidad, son fundamentales. En El Salvador no estaban consolidados el sistema y la institucionalidad, y Nayib Bukele creció efervescente al contar con una mayoría calificada en el Congreso, pero en Brasil o EEUU fue diferente, porque hay dos fuerzas más equiparadas. Bolsonaro no pudo hacer cambios estructurales y la vorágine de corrupción que alimentó todavía se nutre con el bolsonarismo. Lo dijo Lula: Vencimos a Bolsonaro, pero no al bolsonarismo (movimientos de ultra derecha, religiosos, anti ciencia, anti demócratas y demás manipulados desde redes sociales).
Donald Trump quiso manipular documentos secretos y ahí está el juicio ya listo para realizarse en plenas elecciones. EEUU tiene un sistema de contrapesos políticos muy fuerte y una alternativa política firme, al igual que Brasil. En EL Salvador eso estaba muy desgastado y ese es el enorme riesgo que se cierne sobre Costa Rica. Preguntémonos, ¿está desgastada la alternativa político-electoral en nuestro país? ¿Podrá ofrecer algo poderoso y más fuerte que se traiga abajo las pretensiones totalitarias y dictatoriales en torno a Chaves Robles?
Tengamos claro que si Chaves llegó hasta donde está, aún con los contrapesos manteniéndolo a raya, fue precisamente por eso, por el largo desgaste de las fuerzas político-partidarias que había en ese momento. El mito de que el PLN, PUSC y PAC son lo mismo, ahora lo dicen del Frente Amplio también, iba en esa dirección, de explotar el desencanto de la gente contra una supuesta aristocracia o clase política corrupta en el poder.
Aunque no es cierto que exista esa clase política así definida, porque en realidad son bloques de una gran clase dominante, la gente compró el mito y ahora quiere creerlo y sacarle provecho. Finalmente el grupo de Chaves es también un grupo poderoso de la clase política y económica detrás de sus beneficios a costa del estado, como el caso diáfano del gran beneficio que tienen los importadores durante esta administración, así como los financistas de la campaña de Chaves. También quieren comprar el Banco de Costa Rica, acciones del INS, FANAL y otras empresas del estado que son grandes negocios.
Cambiar una corrupción por otra nueva evidentemente nada arregla, pero la mentira ya está intronizada y se considera verdad, por eso la posverdad y la construcción de mitos y mentiras a través de redes sociales es fundamental en la construcción de tendencias políticas o en beneficio de grupos de poder. Nadie duda que hay una fuerte inversión de troles y maquinaria en manejo de redes detrás del chavismo, como la tenía y la tiene el bolsonarismo en Brasil.
En sexto lugar, el nivel educativo costarricense hoy es la más grande preocupación sobre la posibilidad de que una dictadura logre calar en este país, pero también puede ser la gran salvada. Una población educada es una población que conoce bien de los valores cívicos, de la enorme importancia del sistema democrático, del sistema de pesos y contrapesos, de la división de poderes, de la relevancia de la institucionalidad y la legalidad (del estado social de derecho), y el valor del respeto, de la tolerancia, del derecho ajeno, de la no discriminación a lo diferente y los diferentes, de la negociación como principio para dirimir los desacuerdos. Es decir, todo eso que el actual presidente Chaves Robles ha venido a minar cada semana.
Pero entonces nos preguntaremos, ¿es la costarricense una población realmente educada en esos valores, los comprende bien y les da la importancia que se merecen? Es dudable según lo visto, pero también nos permite un margen de acción.
Analizando datos, variables y aspectos en esta dinámica política, voy percibiendo que hay una población que está en el intermedio, en el limbo, que no es muy participativa ni muy beligerante. Ese “voto silencioso” que siempre ha hecho diferencia en Costa Rica, pero que en los primeros 15 meses de Gobierno ha dado el beneficio de la duda, pero que tiene un límite de paciencia y en algún momento se manifiesta en las encuestas de opinión. Es, digamos, una reserva democrática que tiene el país.
Se trata de un voto que primero da el beneficio de la duda, luego calla y observa, pero finalmente puede manifestarse, según las tendencias y la coyuntura político-electoral. Es, caprichosa y paradójicamente, el mismo voto que puso de presidente a Rodrigo Chaves para evitar que un cuestionado José María Figueres (y PLN) llegara a la presidencia de nuevo. El tico no se resignó a tener que votar de nuevo por el PUSC o el PLN, buscó una alternativa.
Es un grupo de personas (no medido por los estudios de opinión hasta el momento) que apoya las buenas intenciones, bonachón, pero también espera los hechos, esos hechos que no se darán, porque los índices seguirán igual: desempleo, pobreza, etc. Tal vez ese grupo sea complaciente con que Chaves inaugure un proyecto que ya estaba inaugurado y listo, como Agua para Guanacaste, pero que no le aguante el retraso o las excusas que podrían venir.
Ese grupo no se manifiesta en redes sociales, por eso las redes son una burbuja falsa, excepto que desde esa burbuja sea llevado a los grupos de mensajería (WhatsApp, Telegram), ese salto sí incide en la opinión de las masas (pero ese es otro tema).
En último lugar, habría que medir la preferencia del costarricense hacia el autoritarismo y la dictadura. Según el más reciente estudio de Latinobarómetro, Costa Rica es el segundo país de América Latina con mayor inclinación hacia el autoritarismo, pero sus porcentajes son bajas en comparación con otros países. Igualmente, la preferencia de la gente por la democracia disminuye y la indiferencia hacia el sistema democrático aumenta. Es decir, la tendencia ya está marcada.
En teoría, la tradición democrática de Costa Rica no debería permitir la incursión de un régimen dictatorial, pero el apoyo que ha logrado Chaves Robles, a pesar de sus claras manifestaciones autoritarias y anti democráticas, manifiestan una realidad distinta y una gran riesgo para el país.
El apoyo de la mitad de un país a un presidente (y Gobierno) que insulta a sus contrarios, que trata de esbirros a los estudiantes, de ratas a los diputados que “juegan chapitas”, que ataca a la prensa con cualquier recurso de poder en sus manos, que acusa falsamente, que amenaza a sus ex jerarcas, que se roba el mandado de los proyectos del Gobierno anterior, que suma tantas faltas a los valores éticos, sociales y políticos que este país suponía tener, que tiene acusaciones de acoso sexual, entre otras aberraciones, nos habla de un enorme riesgo a este momento. ¿Cómo puede apoyar alguien racional y educado ese tipo de manifestaciones?
Entonces cabría preguntarse, ¿realmente entiende el costarricense que está apoyando el autoritarismo que mina la democracia aunque diga lo contrario? Es donde la gente inocente, como ignorante, permea el debate público y se deja engañar por formas que le afectan a ellos mismos. A nadie daña más una dictadura que a las personas vulnerables y necesitadas.
¿Podría llegar Costa Rica a una dictadura?
Ningún sistema es inmune, incluso el que más refuerzos tiene, cuando la educación ha fallado y se imponen quienes desde valores antidemocráticos convocan al populismo, la mentira, la posverdad y la manipulación. Pero más aún, cuando quienes saben lo que sucede, reconocen la gravedad del problema, se quedan inertes, no hacen algo para evitarlo.
Claro que Costa Rica puede llegar a una dictadura y está cada día más cerca de eso si el pueblo crítico y conciente no reacciona a tiempo. Solamente es cuestión de tiempo…
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