- Retomamos esta sección que, aunque inconstante, siempre está presente en el archivo y la retino de Culturacr.net. En esta oportunidad con un poema clásico de José Martí.
Revisando libro viejo en tantas cajas repletas que me acompañan desde que era niño, encontré un libro de la serie “Biblioteca del estudiante” de 1979, con el título Poesía y cuento latinoamericano. Un libro de la Editorial Costa Rica cuya selección y prólogo fue realizada por el inolvidable Joaquín Gutiérrez y su esposa Elena Nascimento. Un libro creado para el estudio en sétimo año de colegio.

Su primer poema es un clásico del cubano José Martí, el habanero que nació 3 años antes de la gesta heroica de 1856 en Costa Rica y que era hijo de un militar español cuando la isla todavía estaba colonizada por España. Martí publicó sus primeros poemas a los 16 años y luego se convertiría en la máxima autoridad literaria y cultura de su país, incluso hasta hoy, cuando su nombre es referencia obligada.
Martí estudió Derecho, Filosofía y Letras en España, pero será en México donde consolida su carrera como escritor y en Nueva York donde logra su obra más fecunda, en palabras del gran novelista Joaquín Gutiérrez.
Sin embargo, su pasión también era política y con el tiempo, desde otros países y aprovechando su prestigio en la región, “va organizando la nueva revolución en Cuba” y en 1895 se levanta en armas con la insurrección del pueblo, pero cae muerto de su caballo en batalla. No obstante, 3 años después Cuba logra la independencia de España gracias a su esfuerzo y de otros patriotas.

José Martí será conocido como precursor del modernismo, cuyo máximo representante será Rubén Darío, quien luego dirá de Martí que su sencillez “es de las cosas más difíciles, pues a ella no se llega sin potente dominio del verbo y muchos conocimientos”. Martí obtendrá, a diferencia de los demás representantes del modernismo más ligados a Francia, su admiración e influencia por los clásicos españoles, que luego serán llamados “la generación del 98”.
La niña de Guatemala es uno de sus poemas más conocidos y emblemáticos, porque es además una canción, un ritmo, una cadencia y una historia. Un poema que recitaban de memoria nuestros abuelos en el colegio y que muchos declamaban en las fiestas.
La niña de Guatemala
Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.
Eran de lirio los ramos,
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda.
Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.
Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores.
Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador:
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.
Como de bronce candente
al beso de despedida,
era su frente: ¡la frente
que más he amado en mi vida!
Se entró de tarde en el río;
la sacó muerta el doctor:
dicen que murió de frío:
yo sé que murió de amor.
Allí en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos;
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.
Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador:
¡nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor!
Comité seleccionador:
Laura Cortés Tormo.
Olman Montero Salazar.
Geovanny Debrús Jiménez.
William Martínez Pomares.
Adrián J. Cárdenas.
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