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El populismo siempre ha existido en Costa Rica, pero ahora se embruteció ◘ Voz Propia

El populismo siempre ha existido en Costa Rica, pero ahora se embruteció: el estadista o el populista.
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OPINIÓN. El populismo siempre ha existido en Costa Rica, pero ahora se embruteció. Un ejemplo basta, pero son muchos.

Los partidos políticos tradicionales siempre aplicaron diferentes cuotas de populismo, principalmente en las comunidades, donde el clientelismo político fue el modus operandi por decadencia de los peores politiqueros que siempre anduvieron detrás de puestos.

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El clientelismo es esa forma que todos conocimos y que aún algunos “dirigentes” comunales usan para captar votos en, particularmente, las elecciones municipales. Se trata de ofrecer dádivas por votos, como ofrecer diarios, puestos de trabajo (plazas en propiedad), aceras al frente de la casa, camino a la finca, entre muchos otros “favores” que no son más que una forma de corrupción: el tráfico de influencias.

Cuando uno mira a los cantones se da cuenta que son los mismos politiqueros (la palabra políticos no la merecen). Hace 10 años estuvieron con un partido, hace 6 con otro y ahora andan viendo qué suerte logran en, sobre todo ahora, alguna agrupación nueva o emergente.

El populismo se valía de esa forma clientelar y, mientras se ofrecía un bono de vivienda, también se ofrecía construir un parque, una carretera y acabar con todos los problemas de la comunidad o del cantón o del país (si se trata de ligas electorales presidenciales). Se trataba de PROMETER y prometer sin asco, sin vergüenza y sin escrúpulos, incluso a sabiendas de que no se podría cumplir. Eso todavía lo vemos y lo vimos muy de cerca con el actual presidente Rodrigo Chaves.

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Prometer sin viabilidad, es decir, sin que sea viable cumplir la promesa, es un engaño, una farsa y una manipulación política descarada y deshonesta. Y esa ha sido siempre el arma perfecta del populismo, porque de eso se trata: de ganar al pueblo, grandes públicos, con grandes retóricas o demagogias que sean escandalosas, inusitadas o atrevidas.

Se trata, además, de decirle al pueblo -sobre todo al más inocente o más ignorante de la realidad política- lo que quiere escuchar, decirle que “atacará y erradicará la corrupción”, que está resolviendo valientemente “pero los demás no lo dejan”, que está luchando contra grandes poderes (discurso por cierto bastante común del populismo socialista) que no lo dejan “trabajar para el pueblo” o que está logrando cosas, cuando se sabe con son soluciones a muy corto plazo que tendrán consecuencias negativas en el futuro.

Sin duda, hay luchas contra poderes establecidos que algunos políticos hacen, estadistas valerosos, luchas contra abusos sectoriales, pero siempre dentro lo posible, lo viable y la legalidad. El populismo, sin embargo, ni siquiera se fija, ni le importa, saber si algo es legalmente o institucionalmente posible.

El célebre caso de Gerardo Zúñiga en Puntarenas, quien se dejó decir que habría que enviar a asesinar a los opositores que adversen proyectos de las autoridades de la alcaldía, nos muestran cómo alguien que empezó quizás como político ahora simplemente se desempeña como un politiquero populista. Es la influencia del chavismo y su grupo, de Milei en Argentina y de otros políticos que llegan al poder incendiando puentes y naves, provocando peligrosa e irracionalmente en los medios.

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Más aún, si sumamos a este caso el video sexista (claramente machista y deplorable de la condición de la mujer) de una candidata a síndica del partido de Natalia Díaz -actual ministra de la Presidencia-, entonces vemos que la desesperación populista para llamar la atención no es un asunto aislado.

Zúñiga, el ahora candidato del Partido Liberal Progresista, quien apoya la candidatura para la alcaldía de Karla Prendas -la exdiputada liberacionista que renunció al PLN-, es también un claro ejemplo de esos dirigentes populistas que siempre andan rondando los cantones en busca de puestos, deseosos de cuotas de poder y que cambian de partido político como de ropa interior. La misma Prendas, hoy candidata por el PLP, fue antes diputada del PLN, mientras Zúñiga anduvo por el PUSC, el PNG y ahora el PLP.

¿Y la entidad partidaria y la formación de cuadros propios en los cantones? Pregúntele a Nueva Generación de Mena o a la Unidad Social Cristiana, donde salen y entran políticos como personas en un banco durante el día. Hoy también vemos al Liberal Progresista siendo usado por esos grupos comunales, esos cuadros que a punta de conveniencia personalísima propia (y no de servir realmente) buscan montarse en el poder una y otra vez sin importar el caballo que se les preste.

Eso es populismo comunal, muchos se valen de sus relaciones políticas, comerciales o sociales en puestos previos para hacer un manejo de influencias bárbaro que procure votos mediante el clientelismo y la negociación a cambio de favores económicos posteriores. La política sucia.

El punto es que subidos en ese modus operandi manido (trillado, ajado, podrido) de la política comunal, ahora viejos populistas y fanfarrones de la política, así como nuevos oportunistas sin afán de servir, se han embrutecido a tal nivel de incluso decir cosas nivel diablo como lo dicho por Zúñiga en un programa de radio en Puntarenas. Y es tan asombroso lo sucedido, que los locutores del programa ni siquiera atendieron las graves palabras del invitado, como si se tratara de un lenguaje de uso común, popular, como si hablar de matar contrarios fuera natural.

Las nuevas formas de populismo, de esta nueva versión embrutecida, incluyen también grupos o personas facinerosas (delincuentes habituales, malvados) que instigan al delito en las redes sociales o por medio de noticias falsas, manipulación por medio de memes falsos, entre otros mecanismos sucios. Algunos soezmente dan la cara y amenazan magistrados, diputados o funcionarios públicos (un grave delito penado). Pero la gran mayoría usan perfiles falsos que las irresponsables redes permiten en su claro incumplimiento para evitar la violencia y el odio en sus espacios.

Ahora ya no se busca al político que persuada o convenza, que proponga soluciones serias, posibles y responsables, sino al populista charlatán que rete a la institucionalidad y legalidad, que se atreva a decir lo que la gente quiere oír, sobre todo a la gente más agresiva y estúpida, la que piensa que el politiquero populista puede cambiar las cosas con promesas construidas en castillos de arena.

La influencia del populismo desde arriba

Rodrigo Chaves en Costa Rica (el presidente con más recursos de inconstitucionalidad en su contra y más procesos judiciales en su contra en la historia del siglo), Javier Milei en Argentina (quien propone una mega reforma que solo en unos pocos días ya encontró dos “estate quieto” judiciales), Jair Bolsonaro en Brasil (usando la religión como plataforma populista a punta de mentiras y luego cargado de juicios de corrupción en su contra que lo obligaron a huir del país) o el mismo Donald Trump en EEUU (repleto de juicios, acusaciones y hasta resoluciones en contra por instigación, intento de manipular resultados electorales, entre otro), son ejemplos de populistas que se meten a la política sin conocer (o descaradamente pasando por alto) los límites que pone el estado de derecho, la legalidad, la institucionalidad y el mismo sistema de pesos y contrapesos democrático.

Sin embargo, todos los países responden de manera distinta al populismo, algunos tienen mejores contrapesos e instrumentos jurídicos y políticos para limitar el abuso de estos políticos irresponsables.

Costa Rica ha puesto varios límites a los intentos de Chaves Robles por pasar por encima de la ley, pero incluso así el mal se va gestando poco a poco, se van friccionando las tuercas que sostienen la seguridad social y política del país. El populismo siempre va sobre esas tuercas, trata de fracturarlas para que aflojen los cimientos de las sociedades más estables y generar así beneficios enormes para ciertos grupos amigos.

Algún día los votantes deberán entender, esperemos que por las buenas, que la política requiere más conocimiento, empeño e importancia de nuestra parte, que votar por las personas más serias y realistas, que ofrezcan soluciones reales, viables, es la mejor respuesta de nuestra parte para cerrarle los espacios a esa delincuencia política.

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